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Biografia de Take That

En la primavera de 1990 Manchester era la ciudad más puntera de la revolución pop cultural que atraía la atención de los medios de comunicación mundiales. Los Stone Roses y los Happy Mondays estaban en su apogeo, el Hacienda se había convertido en el ‘night club’ más comentado del planeta, allí convergían diferentes estilos musicales, modas y sectas discotequeras, para crear una gran cantidad de sonidos y estilos nuevos.

Al mismo tiempo, en una pequeña oficina de una calle de Manchester, llamada Chapel Walks, una empresa de música completamente diferente empezaba a surgir. Un director llamado Nigel Martin-Smith, había notado que, a pesar del Madchester, las listas de pop británicas tenían un aspecto demasiado uniforme. No se había producido ninguna sensación adolescente nacional desde la locura que desencadenaron los Bros y – sí, tan malo era – los únicos artistas de ese campo que generaban expectación eran los New Kids on the Block. Los NKOTB eran un poco ariscos y difíciles. De modo que había que buscar un grupo de chicos británicos que fueran tratables y conseguir que hicieran pop de verdad y que pudieran ofrecer algo de entretenimiento en sus conciertos en directo. Las mejores ideas son siempre las más sencillas.

En 1990, Martin-Smith formó un grupo de cinco amigos de clase trabajadora del Noroeste: Gary Barlow, un chico de 19 años de Cheshire que había estado cantando y tocando el órgano en los clubs del Norte durante cinco años; Howard Donald, de 21 años, pintor ambulante que trabajaba también de dj, bailaba y hacía de modelo; Jason Orange, de 19 años, pintor y decorador que había bailado en un programa de televisión llamado The Hitman and Her; Mark Owen, de 16 años, había sido niño modelo y había hecho pruebas con el Manchester United; y Rob Williams, de 16 años enganchado al pop y procedente de Stoke on Trent.

Se puede ver que ninguno de ellos tenía formación en los escenarios; Gary había aprendido a trabajar en los pubs, los otros cuatro lo habían hecho compitiendo en concursos de baile y de pop en Manchester. Aquí no había chicos blandos con formación artística, y su trasfondo artístico era, según dice ahora Gary Barlow, importante. “Creo que supuso una enorme diferencia para nosotros. A los 17 años yo había estado actuando en clubs donde me había enfrentado al público directa y rápidamente y en cuestión de 40 o 45 minutos tenía a todo el mundo aplaudiendo, como en el Phoenix Nights. Eso te enseña a trabajar en una sala. Si miras nuestros conciertos, son muy teatrales, es como si fuera un cabaret.”

Se llamaron a sí mismos Take That (“el mejor nombre de un buen puñado de ideas”, dice Gary, pero podría haber sido peor – la primera idea fue “Kick It”) y pasaron dos años haciendo conciertos con una actuación donde bailaban y cantaban versiones bailables, además de las propias composiciones de Gary y un equipo de dudosa calidad. “Aprendimos el oficio durante esos dos años”, continua Gary. “Hoy en día, te sientas con un manager y una lista de cosas que tienes que conseguir y las vas haciendo una a una. Pero en aquellos momentos, para nosotros todo eran conjeturas.”

Las antiguas conjeturas demostraron ser tan efectivas como los modernos planes de negocios, pero Take That no lo tuvieron fácil; la prensa pop adolescente se mostraba ambivalente con ellos, y después de firmar con un sello grande en 1992, la banda ya tenía tres singles antes de que su versión de éxito de la canción It Only Takes A Minute, de Tavares de 1975, llegara al número siete. A ésta le siguieron A Million Love Songs, I Found Heaven y Could It Be Magic, una versión de Barry Manilow que los Chemical Brothers solía utilizar en sus actuaciones en el casi legendario y terriblemente moderno Sunday Social de Heavenly, a mediados de los 90. Sin embargo, como dice Jo Whylie, Take That “fueron siempre la banda de chicos agradable de ver \".

A finales de 1992, Take That generaban histeria en las ciudades de toda Inglaterra, y comenzaron un reinado de cuatro años como los reyes del pop del país, un reinado que cuando se separaron en 1996, les haría ser los artistas con mayores ventas del Reino Unido desde los Beatles, vendieron más de 25 millones de discos. Su álbum de 1993, Everything Changes supuso cuatro números 1 en Inglaterra – Pray, Relight My Fire, Babe y Everything Changes, e hizo que su atractivo llegara a toda Europa. El LP “Nobody Else” en 1995, lanzaría su mayor éxito, la maravillosa “Back For Good” que se ha convertido en un clásico moderno en todo el mundo, con 89 versiones en casi todos los estilos de música.

Aquellos eran tiempos gloriosos, cuando incluso los miembros más esnob de la industria musical, empezaban a apreciar el pop perfecto de TT. La vida empezaba a ponerlos en una nube, pero Mark Owen narra uno de los momentos decisivos: “Íbamos a un hotel en Italia. Estaba fuera de la ruta oficial pero la carretera estaba llena de gente que quería tocar el autobús. Era un caos total, la gente bajaba las calles corriendo y gritando cuando llegamos al hotel escoltados por la policía. Para mí, eso resumía lo que suponía estar en esa banda, viajando por todo el mundo, con aquella locura”. Añade además que hubo momentos surrealistas, el mejor de los cuales fue tomar el té con Lady Diana en el Palacio de Kensington, y sentarse en el sofá de Elton John pidiéndole que tocara canciones al piano.

Lo que sucedió después se ha convertido en uno de los episodios más notorios de la historia del pop. En el verano de 1995 Robbie, que se había ido frustrando con su vida en Take That, se fue de fiesta con Oasis en Glastonbury y después abandonó la banda. Gary, Mark, Howard y Jason continuaron los cuatro (hicieron éxitos como “Sure” y “Never Forget”) antes de separase en febrero de 1996. El anuncio de la ruptura tuvo tal impacto que supuso titulares en las noticias nacionales, e impulsó a los Samaritanos a crear una línea de teléfono dedicada al tema. Las consecuencias también fueron traumáticas para los miembros de la banda. Jason se fue de viaje, pero Howard, Robbie, Mark y Gary se encontraron demasiado unidos unos a otros cuando empezaron sus carreras en solitario, la relación entre Gary y Robbie era particularmente intensa.

Aunque permanecieron en contacto unos con otros, los cuatro amigos iniciaron sus caminos por separado y tuvieron sus particulares altibajos, hasta que en 2004 comienza la segunda parte de la historia. Se había hablado mucho de un pack especial de grandes éxitos y de un documental, y en 2005 se concretaron los planes sobre un grandes éxitos. Entonces, ansiosos por evitar uno de esos documentales baratos y escabrosos en los que los comentaristas culturales podían decir tonterías sobre Take That, la banda decidió hacer su propio documental. Mark Owen le preguntó a Robbie si estaría interesado y para su sorpresa, estuvo de acuerdo en participar, aunque no con la banda.

En otoño estaban grabando, y entonces llegó la sugerencia de un promotor de que se unieran para una gira. Se sorprendieron al sentirse entusiasmados por la idea, y cuando el 16 de noviembre de 2005, el documental nominado con la Rosa de Oro, consiguió una audiencia de siete millones de espectadores, el potencial de la banda quedaba claro. Las entradas para los conciertos salieron a la venta el 2 de diciembre, y todas las entradas de las 19 fechas se agotaron en cuestión de una hora y diez minutos; tuvieron que añadir cinco conciertos más en estadios para cubrir la demanda.

Nadie se sorprendió más por todo ello que los propios miembros de la banda. “Yo pensaba que la mayoría de la gente había cambiado con el tiempo”, dice Howard Donald. “Yo sabía que había interés porque habíamos terminado en la cumbre, y aún se escuchan nuestros discos en la radio, y la gente a veces sigue comentando lo buenos que éramos y lo buenos que éramos en directo. Pero no creía que la gente estuviera interesada es apresurarse para comprar las entradas para nuestro concierto en directo. No teníamos esa confianza para hacer 20 fechas de una vez. Preparamos solo unas cuantas fechas para empezar, pero se vendieron como rosquillas y tuvimos que hacer las demás. Estábamos abrumados por todo.”

La gira empezó en abril de este año. La primera noche en Newcastle, Mark Owen echo un vistazo desde detrás del escenario, antes que empezara el concierto, y no se podía creer cuánta gente se había congregado allí; alguien, recuerda Mark, había hecho un anuncio con las palabras “Nunca os olvidamos”, y estaba allí colgado aunque no había nadie en el escenario. Y en ese momento, dice Mark, supieron lo que querían hacer: “darle a la gente dos horas de diversión en las que pudieran olvidar sus vidas”. Pop perfecto.

Generosamente consolidados, menos frenéticos al bailar y por lo general más mayores y más sabios, los conciertos presentaban un acercamiento al público y una rutina sobre los diez mandamientos de una ‘Boy Band’ – además de un holograma de Robbie Williams, que aparecía en Could It Be Magic. A la crítica y al público por igual le encantaron los conciertos, de modo que un nuevo álbum no podía tardar mucho en llegar. Aunque esta vez con los cuatro miembros más maduros musical y personalmente, la composición no corrió a cargo de Gary solamente, sino que fue una tarea compartida entre él, Jason, Mark, Howard y algunos otros colaboradores.

“Nos ayudamos unos a otros, con la melodía y luego con las letras”, explica Jason. “Teníamos un ordenador portátil que nos íbamos pasando cuando alguno se sentía inspirado para grabar un par de letras. Así que por ejemplo, hubo momentos en los que ellos cantaban algo y yo escribía todas aquellas palabras, cantidad de palabras, una corriente de inspiración. Luego se las pasaba a uno de ellos y empezaban a reírse y se las pasaban a los demás, a algunos les parecían ridículas y a otros les parecían buenas para ser utilizadas.\"

Todos en la banda, continua Jason, éramos conscientes de que el álbum tenía que ser fuerte, y que tenía que valerse por sus propios méritos, más que en la reputación de Take That.
“No puedes vender una gira basándote en la nostalgia,” admite. “No puedes vender tampoco material nuevo basándote en la nostalgia – Tiene que haber calidad.”

Hemos visto a Take That crecer delante del público; algo sobre su franqueza siempre nos ha invitado a entrar en su mundo; y por supuesto nosotros también hemos crecido con su música. Puede que algunos de nosotros hayamos pasado al menos un momento importante de nuestras vidas en una pista de baile escuchando algunas de sus canciones, y ahora se nos presenta una deliciosa oportunidad de volver a revivirlo. ¿Pueden los Take That regresar para darnos lo mejor?

FUENTE: UniversalMusic.es

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Discografia de Take That