Biografia de Goldfrapp

Sexo, subversión, estilo, humor, canciones: los mejores componentes de la buena música pop. Y Goldfrapp siempre lo han sabido.

A partir de electrónica pionera, voces cristalinas, arte dramático visual y decadencia de sexo-glam, se han movido a través las sombras del ambient hasta la emoción technicolor que es el sello del pop clásico británico. Tras ‘Felt Mountain’ (2000), su glacial debut nominado al premio Mercury Award, el segundo álbum – el nominado a los premios Brit ‘Black Cherry’ – fue el punto de referencia del 2003. Ahí estaba el sonido y la visión de Art-Pop-Now; el golpe del tacón de aguja de Marlene Dietrich en la espalda de Donna Summer, un paisaje sonoro atronador, azotado y discotrónico que engendró peticiones de remezclas por parte de Franz Ferdinand y Marilyn Manson. Los dos himnos eufóricos y electro-stomp, ‘Train’ y ‘Strict Machine’ (y sus vídeos que actúan como láser en los ojos) fueron lo más del pop cool con clase y adrenalizado de ese año.

Siendo un dúo inglés que compone y producen todo juntos, el nuevo álbum es el sonido de Goldfrapp atravesando su propia valla protectora, una fuerza creativa estridente, psicodélica y 100% sin-concesiones en lo más alto de su propio juego. La suya es una realidad alternativa de fabricación propia - en música, visión y alma. “Creamos nuestro propio entorno personalizado”, explica Alison Goldfrapp, “se parece más a como solían hacer las bandas o dúos en los 70 u 80, hacer tu propia música, dirección artística de tus propias portadas, llevar tu propia ropa, algo único comparado con muchas bandas. Ahora bien, puede que consigas a gente que componga su propia música, si acaso. Y tendrán todo un séquito creando todos su propio rollo. Me gusta formar parte de esa escena, gente que han creado todo ellos mismos”. “Es una realidad alternativa”, comenta Will Gregory, “que nos lleva a otra parte y por eso lo hacemos.”

El resto del mundo parece que también disfruta del viaje. Desde la primera ráfaga de ‘Lovely Head’ en ‘Felt Mountain’ hasta llegar a ‘Black Cherry’, su sonido y visión se ha expandido orgánicamente a través de todos los medios. Su música ha aparecido en Europa y EEUU como la enigmática banda sonora para un amplio espectro de películas y TV. Desde el 2003, un elemento visual básico de Goldfrapp – el uso de imaginería animal – se ha extendido a través de la MTV, exposiciones en el escaparate de Harvey Nichols e incluso anuncios de BMW, una aceptación de sus espectaculares actuaciones en directo en los que los bailarines llevan cabezas de ciervo y Alison se abanica con su cola de caballo. “Siempre ha habido animales por medio porque me interesan la naturaleza y la mitología”, explica Alison, “son metáforas geniales para las emociones e ideas humanas y poseen una inexplicable sensualidad que es muy atractiva y misteriosa.”

Se conocieron en el ’99. “Nos estudiamos mucho mutuamente antes de intentar hacer cualquier tipo de música”, comenta Alison, “lo que resultó interesante porque yo siempre lo había hecho al revés. Te encontrabas en un local, no hablabas mucho de ello, sencillamente lo hacías y se suponía que todo iba a pasar de forma mágica. Pero hablamos sobre a dónde queríamos ir y no se trataba de quien llevaba una chaqueta o unas zapatillas de moda o cualquier cosa sin ningún interés en absoluto. Esa gente que se suponía que eran radicales y a la última iban de hecho a lo seguro. Se trataba de qué tipo de música deberías hacer. O no deberías hacer. Era como ‘no puedes meter cuerdas ahí porque son demasiado sentimentales y románticas’. Todos estos ‘no se puede’ porque no era cool. Muy 90s.”

Goldfrapp sabían hacer algo mejor que eso, amantes desde hace tiempo de la izquierda, de la gran pantalla, de la vanguardia pan-europea, desde Serge Gainsborough hasta la música disco polaca de los 70, desde Kate Bush a Prince, se negaban a limitarse. El nuevo álbum continua su única temática - de infinitas posibilidades – creado cerca de Bath, donde ambos viven ahora. “Alquilamos una casita de campo ruinosa en tierra de nadie”, cuenta Alison, “y simplemente la llenamos con todo el material. Pero no es gloria georgiana, es mucho más costroso que eso, lo que es bueno. Hay más arbustos y sofás baratos. Aspiradoras de los 70 al lado de sintetizadores. Amplificadores al lado de hornos microondas”. Will: “Y arcones de pan. Hay una bonita vista, caballos corriendo en el exterior”. Alison: Así que en medio de todos los sintetizadores hay probablemente unos cuantos cortacéspedes y pájaros piando. Hicimos un cruce electrónico y glam entre Berlín, Nueva York y el noreste de Somerset.”

Han vuelto a crear un paisaje propio – respira profundamente y deja que te llene con colores, enormes baños de electrónica, máquinas de las que salen espinas y pétalos, pasión que florece con una dieta a base de sintetizadores y cuerdas.

EL álbum toma todo lo que consiguió ‘Black Cherry’ y se arranca hasta el infinito, con una euforia emocionante y de brillantina (mezclada por Spike Stent, legendario arreglista para Madonna, Bjork, Massive Attack, U2, y muchos otros).

“Hemos avanzado una marcha”, explica Alison, “porque somos sabemos más.
Con ‘Black Cherry’ todavía nos estábamos descubriendo mientras que esta vez tenemos mucha más confianza”. “Hemos madurado mucho”, añade Will, “y hemos encontrado otras formas de expresión. Incluso hemos metido un par de guitarras en este álbum”. “Siempre está bien romper tus propias reglas”, se ríe Alison, “esa es la parte divertida. Hay más bajos sucios y guitarras, junto con los sintetizadores y cuerdas.

Desde el comienzo, ‘Supernature’ es un colosal suspense de pop-sónico multi-capas, un disco radical, seguro y audaz, como uno de Roxy o Revolver para el siglo veintiuno: el tema teñido de ácido y fascinantemente cantado ‘U Never Know’, el irresistible latido atrapa-todo de ‘Lovely To See You’, los rugientes sintetizadores Numanoides de ‘Koko Nights’, el vertiginoso paisaje onírico orquestal de ‘Time Out From The World’, la robótica pervertida de ‘Slide In’ y el bellísimo y seductor ‘Let It Take You’. Aunque antes de eso, está ‘Satin Chic’ donde encontramos a Will, enloqueciendo, con el piano honky-tonk. “Muy divertido”, dice sonriendo Alison, “estrafalario y un poco desagradable pero sencillo también, muchas referencias a colores, competitividad y posesividad, exageradas con estos ‘boings’. Recuerdo, hace años, ir a ver a Jah Shaka y pensar que era absolutamente asombroso con todo el equipo casero que tenía y la pura inventiva. Fue muy inspirador y se ha quedado conmigo desde entonces. Yo gritaba en el estudio, loca de emoción. ‘¡Subid esos ‘boings’!’”

Y, por supuesto, el tradicionalmente chirriante primer single de Goldfrapp, ‘Ooh La La’, una pulsante y sofisticada dínamo glam-pop con el homenaje de Alison a las todopoderosas, distantes y juguetonas voces del Marc Bolan clásico. “Decadente y ooh-la-la” apunta Alison, para ser correctos. “Siempre nos han interesado las voces en capas y cómo se trataban las voces en los álbumes de los 70, utilizando efectos de contra-golpe y sonidos de batería pesada. Me encanta ese amaneramiento, ese ligero arrojo aunque con algo de lloriqueo que siempre resulta atractivo. Y Marc Bolan siempre fue genial en eso. Como lo era Marlene Dietrich. Mohíno, sexual y ambiguo”. El vídeo de ‘Ooh La La’ es, naturalmente, sexualizada locura vibrante y visceral. “Fantasía glam”, dice Alison, “con mucha post-producción y fantasía gráfica. La chica de vida alegre acaba mal. Corazón partido y a la mierda”.

A lo largo del 2004, se selló la reputación de Goldfrapp como una banda en directo visualmente asombrosa, erradicando para siempre cualquier interpretación errónea de que la música es el trabajo de unos científicos locos que viven en la celda de un investigador. “No somos una banda de estudio”, explica Alison, “somos un dúo que trabaja.”

Y artistas intérpretes que creen en el Espectáculo, que inundan su show en el escenario con artesanía de cabaret, coristas o showgirls, borladores de tetas y los ya mencionados bailarines, llevando cabezas de ciervo. “ Disfruto mucho con la libertad de tener a otra gente en el escenario”, decide Alison, “pero siempre he encontrado un poco frustrante no poder ver las borlas de tetas, porque sucedía detrás de mi. Tengo una imagen en mi cabeza de unas tetas dando vueltas y vueltas y vueltas, ¿y cómo diablos parece eso? Me encanta. El punto más álgido del directo del año pasado fue sin duda el festival de Glastonbury, es una institución tan inglesa y resultó genial, con el sol poniéndose. Salimos justo después de Franz Ferdinand, lo que resultó extraño porque ellos eran ‘el’ grupo del momento. Y fueron encantadores. Nos saludaron todos con una reverencia antes de salir al escenario lo que me pareció muy encantador.”

Otras fechas notables fueron en Polonia y Serbia, “de locos”. Y una noche particularmente memorable en el Scala, al norte de Londres, en la mítica noche ‘gay indie’ de la capital, ‘Popstarz’. “Absolutamente loca”, se ríe Alison, “No estábamos preparados para nada para eso, el público gritaba tanto que de hecho no podíamos oírnos así que tuvimos que pedirles que ¡dejaran de gritar! Y el ‘gran final’ fue que, al final, entré en un estado de delirio. Fantástico. De verdad, nunca he experimentado algo así.”

Goldfrapp están saliendo a la superficie, tomando el lugar que les corresponde por derecho, en el 2005, en lo más puntero del pop de la pista de baile – creando nueva grandeza, inspirando a una generación. “Estamos ansiosos por que salga ahora el nuevo disco”, declara Alison, “porque esta vez hay mucho más. Más drama, más color, más diversidad, todo lo que nos gusta sobre lo que hacemos, sencillamente… más. ¡OH, es emocionante!”

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