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Biografia de El Gran Silencio

Los quinceañeros Cano Hernández y Papo cursaban tercero de secundaria y, como bien se sabe, en ese grado escolar los seres humanos sufren la incomprensión del mundo entero, quieren huir de casa, el acné los envuelve, odian/aman al espejo y, para colmo, en el caso de los varones, se ven debilitados y turbados misteriosamente. Pero estos dos jovenazos dábanse tiempo para todo, así que al dejar el aula había días que enfilaban rumbo a la casa de Cano, subían al cuarto de la azotea y trataban de interpretar y componer canciones con una guitarra acústica prestada y una armónica japonesa de ínfima calidad. Arturo Meza, Jaime López y Rockdrigo González eran sus ideales. De aquellas tardes de desmadre y rocanrol, persisten en la memoria de Cano, ahora guitarrista y cantante de El Gran Silencio, la desafinación del dúo, la completa ignorancia de teoría musical y la presencia de amigos que "ayudaban" en los coros y las percusiones (con instrumentos tan originales como el bote de la ropa sucia y la olla de los frijoles).
¿Quieres saber cómo canta la trucha? Para la oreja y escucha. Ya cuando estaban en la prepa, allá por 1992, la constancia y la práctica llevaron a Cano y Papo a formalizar el grupo, así que adoptaron el nombre de "Zona del Silencio", inspirados en la extraña área localizada entre Chihuahua, Coahuila y Durango donde suelen caer meteoritos y abundan (según dicen los que saben) platillos voladores.
El repertorio rupestre con el que los noveles músicos empezaron a tocar en una que otra fiesta de la colonia estaba conformado por rolas de sus cantores predilectos y ocasionalmente alguna de las propias composiciones. Por lo general aportaban su colaboración amigos de la calaña del Comas, percusionista de amplia fama en su casa y quien también se oye en El Calor del Fuego, el primer demo de la agrupación (totalmente casero y maquilado uno por uno con una grabadora portátil). Para esa época, el hermano mayor de Cano, Tony, les advertía que estaban empleando tonos fallidos y saliéndose de tiempo. Lo peor era que se encabronaba porque tomaban su guitarra "prestada" cuando él andaba en la Facultad de Artes Visuales de la UANL. Tony era más ducho en cuestión de música porque había tomado clases de órgano con un viejito, tan enojón que le pegaba si quería tocar algo ajeno a la lección del día. Además, para entonces había tenido una corta pero magnífica experiencia como guitarrista y cantante de un grupo llamado "Amnesia" (buen nombre: ya nadie lo recuerda).
Un día, Cano y Papo descubrieron un caset de un grupo de quién sabe dónde que también se llamaba Zona del Silencio. Entonces cambiaron su nombre de batalla: inspirados en una rola del fallecido Rockdrigo González, tomaron el apelativo de "El Gran Silencio" y con él siguieron escribiendo canción tras canción, pese a las limitaciones materiales y de conocimiento musical que les aquejaban.
En junio de 1993, Cano, Papo y el Comas volvieron a "producir" otro demo, igual de casero que el anterior, y lo pusieron a la venta en los puestos de la calle Colegio Civil; seguramente Reino de las Sombras ya sonaba mucho mejor, pues una semana más tarde les llamaron para invitarlos a una tocada que organizaba el Partido del Frente Cardenista en el kiosko de la Plaza Zaragoza, en pleno centro de Monterrey. Cano y Papo consideraron que el grupo se oía demasiado pobre con una sola guitarra, la armónica y el bote de la ropa sucia, y fue entonces que le pidieron a Tony integrarse a "El Gran Silencio". Al aceptar la invitación el hermano mayor, los avances del grupo crecieron de inmediato porque, de arranque, Tony sí sabía afinar bien la guitarra. El debut del cuarteto (con el Comas también de miembro oficial) se produjo el 17 de julio de 1993 en esa tocada en el kiosko encabezada por otros grupos de cierto renombre local. El Gran Silencio sólo tocó cinco rolas, luego de las cuales recibió por primera vez los gritos de "¡otra, otra!" de parte del público; una escena que habría de repetirse infinidad de ocasiones en los próximos años. Para agosto del 93, el cuarteto ya estaba codeándose con las bandas locales de mayor renombre al participar en el foro rockero de la Feria de Monterrey, donde se presentaron prácticamente todos los grupos de la ciudad. Entre las guitarras eléctricas, pedales de multiefectos, teclados y secuenciadores de las demás bandas, sobresalía la sencillez rupestre de El Gran Silencio, su originalidad y carisma. Los músicos más respetados aplaudieron al nuevo grupo, aunque Tony, Cano y los demás llegaron a pensar que se estaban burlando de ellos. Después llegó una oportunidad increíble: abrir un concierto de Arturo Meza, quien por cierto preguntó si el bote usado por El Gran Silencio era un huéhuetl, pues no creía que fuera simplemente eso: un bote.
De allí en adelante, el grupo tocó en escuelas, fiestas, antros, gimnasios, auditorios, plazas y hasta en camiones (el lugar donde más dinero ganaban), y su instrumentación acústica dejó de ser síntoma de pobreza para convertirse en sello de identidad.
El auge del rock en Monterrey de esos días se manifestó con el Primer Concurso Estatal de Rock, efectuado en abril y mayo de 1994. Casi todas las bandas activas se inscribieron (más de 100) y aquello prometía ser un acontecimiento mayúsculo.
El Gran Silencio agregó platillos y tarola a su instrumentación rupestre y así, en la final del 22 de mayo, obtuvo el cuarto lugar, entre un alud de protestas de un público que pedía una mejor posición para el cuareteto (un jurado alterno, convocado por el periódico El Norte, otorgó el primer sitio a El Gran Silencio, mientras que en una encuesta de 84 músicos quedó en segundo). Era obvio que el cuarteto iba muy bien. Pero algo le faltaba para redondear el sonido, para lograr ese "punch" que terminara de consolidar su música. La respuesta llegó a mediados de 1994 con un ex guitarrista de heavy metal de nombre Julián Villarreal, amigo de Tony y Cano y quien pidió encargarse del bajo cuando supo que se había abierto la vacante. El agregado fue excelente y el grupo siguió cosechando fans. La revancha en el Concurso Estatal de Rock vino el 18 de junio de 1995, cuando El Gran Silencio resultó triunfador absoluto con la canción Payasos (también habíanse inscrito más de 100 bandas). Acerca de estas competencias, Cano advierte que no se las toman muy en serio. Por ejemplo, dice, entre los concursos estatales de 1994 y 1995 participaron en otro, organizado por una universidad. ¿El resultado? Quedaron en el décimo lugar... y eran 10 concursantes. Pocos, casi nadie, se enteraron de esa extraña experiencia. En cambio, lo que sí andaba en boca de todo mundo en la escena regiomontana era la popularidad del quinteto, pues siempre que tocaba el público era muy numeroso. Incluso se formó un club de fans, algo inédito para un grupo local, y ya era una de las bandas obligatorias en los programas de radio y televisión que presentaban rock hecho en casa.
Como siempre sucede en los grupos, había uno que otro conflicto dentro de El Gran Silencio. Primero, el que salió fue Papo, quien encontró su verdadera vocación en la poesía (ahora está próximo a publicar un libro, dice Cano); los fans extrañaban la armónica, pero Tony se las ingenió para arreglar el vacío con la guitarra y no se produjo ninguna fisura de gravedad en el sonido del grupo, que para esas fechas, por cierto, era una especie de tornado que se alimentaba de todos los géneros a su alcance: ska, hip hop, cumbia, polka, quebradita... ¡cualquier cosa que les gustara! Más tarde, en diciembre de 1995, la situación interna se volvió insoportable y Tony y Cano decidieron disolver la banda.
Así fue como el 12 de enero de 1996 "El Gran Silencio" tocó en un concierto anunciado como el del adiós, en un antro llamado Zeppia. Durante algunos días los hermanos consideraron, por separado, la posibilidad de formar otros grupos o integrarse a proyectos que estaban en vías de realizarse. Hubo contacto, por ejemplo, con sueños que ahora se llaman "Plastilina Mosh" y "Control Machete". Un día de febrero, Tony le platicó a un amigo sus planes de formar una nueva agrupación: necesitaba un baterista. "¡Yo toco la batería!", le respondió Ezequiel Alvarado, el larguirucho estudiante de Artes Visuales que conversaba con él. En realidad Ezequiel tocaba el bajo y no la batería, así que debió esforzarse al máximo para aprender en los tambores aquellas canciones de "El Gran Silencio" que Tony deseaba incluir en el repertorio de su nuevo grupo. Al primer ensayo, sin embargo, se presentó también Cano, y pidió tocar. Pronto los hermanos decidieron reformar "El Gran Silencio", con Ezequiel en la batería, mientras para el puesto de bajista volvieron a llamar a Julián. El beneplácito de los fans fue enorme y el ambiente interno de la banda mejoró notablemente, así como el sonido global, enriquecido por el poderío de la batería completa en lugar de unos botes. Habían hecho varias grabaciones, pero no contaban con dinero para sacar a la venta un caset con portada. Hasta que ganaron el concurso del Vat Kru. -¿Otro concurso? -Sí, el último en el que participaron. El conductor de radio y televisión Juan Ramón Palacios invitó al grupo al concurso organizado en la disco Vat Kru. Lo interesante sería la manera de calificar a las bandas: en vez de conformar un jurado de "expertos", los aplausos de la concurrencia decidirían la suerte de cada concursante. "El Gran Silencio" ganó el primer lugar, mientras sus amigos de "La Flor del Lingo" se agenciaba el segundo puesto. Con el premio económico, Cano, Tony, Julián y Ezequiel por fin pudieron terminar la producción de Dofos, que a la postre se convertiría en uno de los demos de mayor venta en Monterrey.
Poco antes, "El Gran Silencio" había asombrado a propios y extraños al colocar un tema en los primeros sitios de popularidad en una importante estación de radio local. La grabación de Mitote se realizó con Antonio Hernández (DJ y programador de Control Machete) como ingeniero y fue entregada a D'99, donde el éxito fue inmediato. También en 1996 el grupo entró en contacto con EMI Music. La compañía buscaba nuevos talentos en toda la República y al pasar por Monterrey, sus exploradores quedaron prendados de "El Gran Silencio".
Las negociaciones fueron muy largas y extenuantes (no son chicos fáciles), pero los músicos al fin firmaron, primero para participar en un disco acoplado -que nunca salió- y luego, ya en 1997, un contrato de exclusividad por varios años. Para entonces el grupo había crecido con la incorporación de Isaac "Campa" Valdez como acordeonista. "Campa" era totalmente nuevo en la escena del rock, pues su experiencia provenía de tocar en los "Artilleros del Vallenato", un combo de música colombiana de la populosa colonia Niño Artillero. Su entrada a "El Gran Silencio" ocurrió en 1997, todo a raíz de que Tony y Cano deseaban agregar acordeón a una nueva rola con sabor vallenato que acababan de escribir. El mánager del grupo, Alfonso Alvarez, ex locutor y ex estudiante de Medicina en la UANL, mencionó a su primo el acordeonista y así fue como "Campa" llegó al primer ensayo. La canción era Decadencia, el resultado fue muy satisfactorio y pronto estaban adaptando el acordeón al resto del repertorio. Aunque al principio "Campa" aparecía en las tocadas como músico invitado, al paso de las semanas se convirtió en miembro oficial; y con él, el espíritu vallenato de "El Gran Silencio" comenzó a explayarse con una libertad sorprendente. Como quien dice, de Arturo Meza se extendieron a Lizandro Meza. En noviembre de 1997, el quinteto viajó a Nueva York para grabar su primer álbum, "Libres y Locos", con la producción de Andrés Levin.
El disco salió a la venta el 21 de julio de 1998 y, no por nada, pero tienen razón: ¡Es la pura sabrosura!.

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Discografia de El Gran Silencio